Te vas, y no me das tiempo para una despedida.
No me queda más que arena en los bolsillos,
Y las heridas se dilatan con el correr de las horas.
Tal vez fueron los deseos de abrazarte al momento,
O las apreturas de que no volvieras nunca tarde.
Y ahora, vuelvo derrotado, con una mirada que no dice.
Así eras tú. La pionera en mis sueños de pequeño,
Y la luz que no se apaga hasta que están todos dormidos.
El silencio que suplica a voces el viento… Así… Así…
La verdad, ya, no tengo nada claro entre tú y yo.
Pero volveremos a recordar, tú lejos y yo cerca,
Las mañanas que nos vimos despertar el uno al otro.
Como si nada fuera a ser…
Como si el sol lastimara el tacto de tu piel…
Y lo único que importara es si volveremos a amanecer.
* Hay instantes, en la vida de cada cual, que se nublan por el posible odio. Pero, en realidad, queremos a esas pocas personas que nos siguen en cada tropiezo, en cada despedida, en cada sueño que damos por imposible... Las queremos, las queremos por ser asi nada más.
